Nuestra profesión lleva años viviendo una especie de época dorada. No escasea el trabajo, ni siquiera en medio de una crisis de dimensiones desconocidas. Pero no es un paraíso. Y en una situación de incertidumbre como la actual afloran aún más sus miserias. Y de entre ellas quiero destacar hoy dos con las consecuencias más relevantes: estrés y ansiedad.

Como siempre, me gusta atacar los problemas desde la raíz.

Comprender las causas, ser consciente de las consecuencias y buscar soluciones.

Las raíces del problema

Económicas:

Cualquier actividad económica sujeta a las leyes del mercado genera una serie de fuerzas positivas en cuanto a competencia, pero su lado oscuro obliga a los actores a dar siempre lo mejor de sí y optimizar los recursos disponibles. Porque si no, lo hará otro.

Así que esta es la selva en la que vivimos. Los clientes quieren las cosas cuanto antes, bien hechas y al menor precio. Los contratistas buscan complacerles manteniendo sus cuentas saneadas. Y los trabajadores esperan obtener la mejor recompensa posible por su esfuerzo.

Y claro, esta cuadratura del círculo no siempre es factible generando en todos los participantes un desfase entre sus expectativas y la realidad. Para compensarlas es habitual recurrir a un sobreesfuerzo de los recursos disponibles.

De relación:

No hay proyecto por pequeño que sea que no requiera de la colaboración de varias personas. Cada una con sus particularidades, sus carencias, sus necesidades. Con mejores o peores herramientas de comunicación y adaptación social.

Claro que hay objetivos globales comunes. Pero también objetivos empresariales distintos cliente vs proveedor. Y objetivos departamentales distintos, ventas vs desarrollo; negocio vs sistemas... Y objetivos tecnológicos distintos funcionalidad vs seguridad vs eficiencia vs calidad.

Obviamente esto genera fricciones, que bien llevadas permiten un refinamiento y mejora continua. Pero, también acarrean un desgaste emocional. Decir que no, discutir, acatar o callar son todas estrategias hijas del viejo huir o pelear, pero ninguna gratuita.

Humanas:

A nivel individual, los objetivos vitales y los rasgos de personalidad de cada individúo distan mucho de ser homogéneos. Hay gente a la que le encanta liderar y a quién le gusta participar sin destacar. Los hay con querencia hacia la norma y al procedimiento, mientras que otros buscan la creatividad, el cambio y el riesgo. Y para colmo estas características no son estancas ni constantes.

Cuando esta percepción individual y cambiante no se alinea con la realidad puntual o general de la empresa, se produce una desmotivación o desafección con el entorno. En estas situaciones el humano primitivo que llevamos dentro, de nuevo, se prepara para la huida (cambio de empresa) o la lucha (externa atacando o interna a la defensiva).

Consecuencias más o menos palpables

El sobreesfuerzo continuado, el desgaste emocional acumulado de la relaciones y la desafección con el entorno son la causa. Pero ¿de qué?. Este es quizá el mayor peligro. Las consecuencias de estar sometidos a estas tensiones no se manifiestan inmediata y evidentemente. Como muy bien entendemos ahora, son en muchos casos asintomáticas. Hasta que dejan de serlo.

Pero mas temprano que tarde aparecerán los primeros síntomas y hay que estar atentos. Porque el cuerpo avisa... pero tiene poca paciencia.

Fisiológicos:

  • Insomnio
  • Tensiones musculares, especialmente en la espalda.
  • Dolor de cabeza
  • Malestar estomacal
  • Cambios en le deseo sexual
  • Fatiga

Psicológicos:

  • Dificultad para la concentración
  • Cambios de humor bruscos
  • Miedo y preocupación excesiva
  • Nerviosismo constante
  • Baja autoestima

Conductuales:

  • Trastornos de la alimentación
  • Abusos de alcohol y otras sustancias
  • Aislamiento social

Si se mantiene en el tiempo estas desagradables experiencias desembocan en crisis de ansiedad o peor aún, estrés crónico y depresión.

Las soluciones

Ni conozco ni confío en que exista una solución sencilla, mágica y aplicable en todos los casos. Sólo me atrevo a decirte que prestes atención a estos síntomas. Tanto si los sufres tú como si los detectas en otro compañero. Cuanto antes lo hagas mejor. Busca y ofrece ayuda.

A veces es suficiente con desahogarte o servir de desahogo. Pero en otras ocasiones se va a requerir ayuda de verdad. Ayuda de profesionales. Sí, estoy hablando de médicos, psicólogos y psiquiatras.

Es poco realista pensar que las causas desaparezcan, pero es deprimente pensar que no podemos hacer dada. Se pueden reducir y minimizar comportamientos y prácticas tóxicas. Se puede trabajar e incorporar metodologías colaborativas que reduzcan la fricción personal. Y se puede trabajar en el autoconocimiento y el desarrollo personal para tener mejores herramientas psicológicas y físicas para enfrentarnos al mundo.

En un próximo articulo te daré unas pautas y consejos generales sobre esto último para que las apliques en tu día a día. A mí y a muchos conocidos de primera mano nos han servido para reducir y mantener a raya el estrés y la ansiedad relacionadas con nuestra profesión.