Nuestra profesión lleva años viviendo una especie de época dorada. No escasea el trabajo ni siquiera en medio de una crisis de dimensiones desconocidas. Pero no es un paraíso. Y en una situación de incertidumbre como la actual afloran ciertas miserias. Y de entre ellas quiero destacar hoy dos con las consecuencias más relevantes: estrés y ansiedad.

Como siempre, me gusta atacar los problemas desde la raíz.

Comprender las causas, ser consciente de las consecuencias y buscar soluciones.

1️⃣ Las raíces del problema

Económicas:

Cualquier actividad económica sujeta a las leyes del mercado genera una serie de fuerzas positivas en cuanto a competencia; pero su lado oscuro obliga a los actores a dar siempre lo mejor de sí y optimizar los recursos disponibles. Porque si no lo hacen, lo harán otros.

Así que esta es la selva en la que vivimos. Los clientes quieren las cosas cuanto antes, bien hechas y al menor precio. Los contratistas buscan complacerles manteniendo sus cuentas saneadas. Y los trabajadores esperan obtener la mejor recompensa posible por su esfuerzo.

Y claro, esta cuadratura del círculo no siempre es factible generando en todos los participantes un desfase entre sus expectativas y la realidad. Para compensarlas es habitual recurrir a un sobreesfuerzo de los recursos disponibles.

De relación:

No hay proyecto por pequeño que sea que no requiera de la colaboración de varias personas. Cada una con sus particularidades, sus carencias, sus necesidades. Con mejores o peores herramientas de comunicación y adaptación social.

Claro que hay objetivos globales comunes. Pero también objetivos empresariales distintos cliente vs proveedor. Y objetivos departamentales distintos, ventas vs desarrollo; negocio vs sistemas... Y objetivos tecnológicos distintos funcionalidad vs seguridad vs eficiencia vs calidad.

Obviamente esto genera fricciones, que bien llevadas permiten un refinamiento y mejora continua. Pero, también acarrean un desgaste emocional. Decir que no, discutir, acatar o callar son todas estrategias hijas del viejo huir o pelear, pero ninguna gratuita.

Humanas:

A nivel individual, los objetivos vitales y los rasgos de personalidad de cada individúo distan mucho de ser homogéneos. Hay gente a la que le encanta liderar y a quién le gusta participar sin destacar. Los hay con querencia hacia la norma y al procedimiento, mientras que otros buscan la creatividad, el cambio y el riesgo. Y para colmo estas características no son estancas ni constantes.

Cuando esta percepción individual y cambiante no se alinea con la realidad puntual o general de la empresa, se produce una desmotivación o desafección con el entorno. En estas situaciones el humano primitivo que llevamos dentro, de nuevo, se prepara para la huida (cambio de empresa) o la lucha (externa atacando o interna a la defensiva).

2️⃣ Consecuencias más o menos palpables

El sobreesfuerzo continuado, el desgaste emocional acumulado de la relaciones y la desafección con el entorno son la causa. Pero ¿de qué?, ¿Cuál es el problema?. Este es quizá el mayor peligro. Las consecuencias de estar sometidos a estas tensiones no se manifiestan inmediata y evidentemente. Como muy bien entendemos ahora, son en muchos casos asintomáticas. Hasta que dejan de serlo.

Pero mas temprano que tarde aparecerán los primeros síntomas y hay que estar atentos. Porque el cuerpo avisa... pero tiene poca paciencia.

Fisiológicos:

  • Insomnio
  • Tensiones musculares, especialmente en la espalda.
  • Dolor de cabeza
  • Malestar estomacal
  • Cambios en le deseo sexual
  • Fatiga

Psicológicos:

  • Dificultad para la concentración
  • Cambios de humor bruscos
  • Miedo y preocupación excesiva
  • Nerviosismo constante
  • Baja autoestima

Conductuales:

  • Trastornos de la alimentación
  • Abusos de alcohol y otras sustancias
  • Aislamiento social

Si se mantiene en el tiempo estas desagradables experiencias desembocan en crisis de ansiedad o peor aún, estrés crónico y depresión.

3️⃣ Las soluciones

Ni conozco ni confío en que exista una solución sencilla, mágica y aplicable en todos los casos. Sólo me atrevo a decirte que prestes atención a estos síntomas. Tanto si los sufres tú como si los detectas en otro compañero. Cuanto antes lo hagas mejor. Busca y ofrece ayuda.

A veces es suficiente con desahogarte o servir de desahogo. Pero en otras ocasiones se va a requerir ayuda de verdad. Ayuda de profesionales. Sí, estoy hablando de médicos, psicólogos y psiquiatras.

Es poco realista pensar que las causas desaparezcan, pero es deprimente pensar que no podemos hacer dada. Se pueden reducir y minimizar comportamientos y prácticas tóxicas. Se puede trabajar e incorporar metodologías colaborativas que reduzcan la fricción personal. Y se puede trabajar en el autoconocimiento y el desarrollo personal para tener mejores herramientas psicológicas y físicas para enfrentarnos al mundo.

En un próximo articulo te daré unas pautas y consejos generales sobre esto último para que las apliques en tu día a día. A mí y a muchos conocidos de primera mano nos han servido para reducir y mantener a raya el estrés y la ansiedad relacionadas con nuestra profesión.