Empleamos el símil de la deuda financiera para aplicarlo a la industria informática. Y según Martin Fowler esta es su definición formal:

Cualquier deficiencia que requiera un esfuerzo extra posterior.

Para mejor comprensión lee antes el artículo sobre La deuda técnica

Dicho así parece algo inevitable, pues nadie puede acertar siempre y continuamente en todas sus decisiones. Pero podemos prestar atención para tomar consciencia de sus existencia y actuar con responsabilidad.

Para empezar vamos a identificar las situaciones que en origen generan o promueven el crecimiento de la deuda técnica.

La falta de automatismo

Los procesos repetitivos a los que sometemos el código durante el desarrollo o antes de su despliegue pueden residir en uno de estos tres repositorios:

  • La cabeza de los miembros del equipo
  • Documentación más o menos formal
  • Scripts y procesos automáticos

Es fácil determinar que la tercera opción es la más adecuada. Pero, obviamente, no siempre es tan fácil conseguirlo. Pero lo menos que podemos hacer es tenerlo en cuenta e intentar reducir esa deuda en cuanto dispongamos de superávit de energía.

El desarrollo descuidado

Las palabras importan. Cuando hablamos de código limpio no me gusta contraponerlo a código sucio. Prefiero la palabra descuidado; es decir, el código que se escribe para lograr un fin inmediato, sin atender al cómo. El resultado es una masa de código muy difícil de mantener.

De nuevo, la solución requiere esfuerzo; pero antes del esfuerzo viene la consciencia del problema. Plantéate si en tu proyecto se siguen algunas de estas recomendaciones:

  • Guía de estilo de codificación
  • Convenio de nombrado para variable, funciones, clases, módulos, módulos y servicios.
  • Principios sólidos que favorezcan la cohesión y reduzcan el acoplamiento.
  • Tests automáticos que verifiquen la correcta ejecución del código.

Procura al menos identificar aquellas carencias para poder reducirlas y así no incurrir en una mayor deuda.

El factor humano

Las personas que integran un equipo no siempre se comportan o cooperan de forma óptima. Bien sea por fallos en la organización o por la presencia de comportamientos individuales nocivos. El catálogo de factores a tener en cuenta es tan extenso y variado que no es fácil de detallar. Y eso a veces lo hace invisible.

Lo que no se nombra no existe. Por eso es quizá el principal motor de deuda y el más difícil de corregir. Si me cuesta determinar una por una las malas prácticas voy a cambiar de estrategia y al menos nombrar las buenas o las situaciones ideales:

La composición de equipos multidisciplinares y autosuficientes, con miembros implicados y cooperadores en busca de un objetivo común.

Esta frase de gurú de sofá es inútil por si sola. Puedes imprimirla en colores y forrar las paredes de la oficina con ella. Pero no valdrá de nada. Mejor plantéate día a día si tus acciones o las de tus compañeros favorecen o acercan al equipo a ese ideal.

Y si no es así ya has identificado un factor de deuda técnica en tu organización. Y eso está muy bien porque conocer el origen es el primer paso para corregir o evitar las consecuencias.